¿Cómo disfrutramos nuestras vacaciones los jóvenes de la Generación Z?

¿Cómo disfrutramos nuestras vacaciones los jóvenes de la Generación Z?

Emprendedores, multitarea, autosuficientes, inquietos, fugaces, autodidactas, multipantalla, creadores de contenido… Hay muchas características que definen a la Generación Z, es decir, la nacida entre 1995 y 2010, pero todas ellas tienen un denominador común: la íntima relación con la tecnología y la digitalización.

No es porque forme parte de ella, pero que hemos cambiado la manera de comunicarse, de hacer marketing digital y de viajar, es un hecho. El ser nativos digitales puede suponer un punto de ventaja, puesto que conocemos en qué páginas podemos buscar ofertas, promociones y demás cuando queremos viajar. Queremos experiencias inusuales e incluso nos dejamos sorprender por destinos desconocidos con el surprise destination.

Sin embargo, llega un punto en el que los dispositivos móviles ya no solo son una guía de viajes, sino también un elemento cotidiano que puede suponer un lastre cuando se va de vacaciones en el momento en el que podemos caer en la tentación de pasarnos el día con el teléfono móvil (aunque no se le haga caso, siempre se tendrá a mano por si en algún momento surge la oportunidad de hacer una foto para Instagram).

Elegir entre actualizar redes sociales y disfrutar del viaje

En este punto se plantea un dilema: somos una generación que huye del turismo tradicional de monumentos para apostar por integrarse y conocer de cerca las culturas de los destinos, al mismo tiempo que somos la que más se preocupa por actualizar las redes sociales para demostrar que se está “conociendo mundo”. En lugar de ver con los propios ojos, se mira a la pantalla en la que se está grabando o en la que se está capturando el momento. Es un poco contradictorio, ¿no?

Estos son algunos pasos para equilibrar la balanza entre experimentar el viaje y seguir estando activos:

La realidad está ahí fuera

La realidad virtual está muy bien. Poder viajar a otras épocas, a mundos salidos directamente de las pantallas de cine o de los libros o visitar un museo desde casa son opciones atractivas, pero la verdad es que tenemos una realidad que está ahí fuera, más allá de las pantallas. Mirémosla. La filosofía #YOLO(“solo se vive una vez”) queda un poco relegada si no la llevamos a la práctica.

Desconecta los datos hasta que llegues al hotel

Sí, esto es muy fácil decirlo, sobre todo desde que se activó el roaming. Pero mejor dejar el postureo para una vez que se haya llegado al hotel, se pueda contestar relajadamente a los mensajes y ver con tranquilidad las fotografías que se han hecho por si se quieren subir a las redes sociales. Así habrás podido disfrutar de la jornada y seguirás estando activo. Si te resulta muy difícil, piensa que son unos días de vacaciones frente al resto de meses en los que vas a estar deseando tomarte un descanso. Además, ¡ahorrarás en datos! Todo ventajas.

Basta de fotos a absolutamente todo

Obviamente, hay cosas con las que sí o sí hay que hacerse fotos: la Torre Eiffel, la Sagrada Familia… pero una cosa es hacerse una, y otra las 20 a las que estamos acostumbrados, para “ver cuál sale mejor”,  porque “en esta no salgo bien” o “así tengo para posturear varios días en las redes sociales”. ¿Y los 80 selfies que se suelen hacer cuando se viaja con amigos? Seamos sinceros, siempre ponemos la misma cara, así que es como tener 80 fotos prácticamente idénticas. Dejemos a un lado nuestro impulso de ser cazadores de selfies y de posados casuales y ahorremos tiempo en hacer fotos (y espacio en el móvil, todo sea dicho) para dedicarlo a otras cosas.

Tomarse tiempo

Es complicado pedirle esto a un grupo de gente que se caracteriza por su poca paciencia, su fugacidad y su búsqueda de lo inmediato. Pero uno de los aspectos más bonitos de viajar es precisamente tomarse tiempo para ver, descubrir, dejarse sorprender, observar, pasear por las calles, conocer su gente, sentarse a probar la gastronomía… Todo esto enriquecerá ese conocimiento que buscamos los ‘zeta’ cuando viajamos.

La sensación de tener tiempo y de no ir corriendo a todas partes es extraña. Quizás al principio, sumada a quitar la vista de las pantallas y fijarla en la realidad nos desoriente, pero ¡no nos preocupemos! Es un efecto que pasa rápido.

Fuente: www.tecnohotelnews.com

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