Abu Dhabi abre uno de los museos más alucinantes del mundo

Aprincipios del siglo XXI, Saadiyat, una isla de Abu Dabi –capital de los Emiratos Árabes Unidos– conocida como la Isla de la Felicidad, se proyectó como un distrito cultural internacional. La ciudad, una de las capitales más ricas en petróleo, entendió que el crudo no duraría para toda la vida y decidió invertir en un proyecto ambicioso que incentivara el turismo.

Así nació un catálogo de proyectos que impresionan por sus diseños arquitectónicos y que dan fe de una cultura global: el Museo Nacional Zayed, a cargo del arquitecto británico Norman Foster; el Guggenheim Abu Dabi, diseñado por el canadiense Frank Gehry; y el Louvre Abu Dabi, de Jean Nouvel. Este último será el primero en abrir sus puertas, este 11 de noviembre.

La historia del nuevo museo comenzó en 2005 en una negociación entre los gobiernos de Emiratos Árabes Unidos y Francia. En 2007 esas conversaciones arrojaron la firma de un acuerdo final que incluía una alianza intergubernamental para crear la primera sucursal internacional del Louvre.

El gran museo de París, inaugurado en 1793, tiene las mejores colecciones de arte, unas 38.000 obras, que incluyen la Mona Lisa, de Leonardo da Vinci; la Victoria alada de Samotracia y la Venus de Milo. En 2016 recibió unos 7,4 millones de personas, lo que lo convierte en el museo más visitado del mundo.

La idea consiste en replicar este éxito en Medio Oriente. El arquitecto francés Jean Nouvel diseñó las instalaciones del Louvre en Abu Dabi y creó un espacio de 64.000 metros cuadrados en el que, sin importar las obras de arte occidentales que se expongan, el recinto suscitará un ambiente oriental. “Su arquitectura -dijo- lo convierte en un lugar de convergencia y correlación entre el inmenso cielo, el horizonte marino y el territorio del desierto”.

Una cúpula de 180 metros y 7.500 toneladas cobija el lugar que tiene vista al mar en 3 de sus lados y rinde un homenaje a la luz y a la sombra de la península arábiga. En la parte superior, tiene un enrejado marcado por figuras geométricas que permiten la entrada del sol. En su interior, 23 galerías evocan los barrios antiguos de las ciudades árabes, un museo para niños, un auditorio, restaurantes y un centro de investigación.

En el acuerdo de 2007 quedó estipulado que el museo usaría el nombre del Louvre durante 30 años y 6 meses. Es decir, a partir de este fin de semana cuando el público tendrá acceso por primera vez a la majestuosidad de su infraestructura y a las más de 600 obras que exhibe.

El museo tiene el propósito de crear un vínculo entre el legado de la cultura oriental y la occidental. Para Manuel Rabaté, director del Louvre Abu Dabi, la megaobra “ha reinventado la premisa del museo universal del siglo XVIII para un público contemporáneo exigente. En un mundo complejo de múltiples narraciones, estas ideas son más importantes que nunca. Al exhibir obras de diversas culturas en el mismo espacio, la curaduría muestra la interconexión de diferentes ideologías, estéticas y técnicas artísticas”.

Para lograrlo, el museo desde 2009 ha adquirido obras excepcionales como Una composición con azul, rojo, amarillo y negro, de Piet Mondrian; Virgen con el niño, de Giovanni Bellini; Partido de Bezique, de Gustave Caillebotte; y Retrato de una dama, de Pablo Picasso, entre muchas otras. También hallazgos arqueológicos, artes decorativas, esculturas neoclásicas, pinturas modernas y contemporáneas. Y, como si fuera poco, una princesa bactriana -elaborada en Asia Central a fines del tercer milenio a. C.-, una esfinge griega del siglo VI a. C. y un brazalete de oro iraní en forma de león, entre otras.

Además de la colección propia del museo, el Louvre de Francia se comprometió a prestar unas 300 obras provenientes de 13 museos del país galo durante 10 años y, además, la nueva sucursal recibirá cuatro exposiciones anuales durante 15 años. Entre las obras representativas de la cultura occidental estarán en el nuevo museo La Belle Ferronière, de Leonardo da Vinci; un autorretrato de Vincent van Gogh; Napoleón cruzando los Alpes, de Jacques-Louis David; y Standing Woman II, de Alberto Giacometti.

A cambio del préstamo del nombre y de algunas obras, Francia recibirá unos 1.000 millones de euros. Y a pesar de que acuerdos similares ya se han gestado en el mundo como el caso del Museo Guggenheim de Bilbao, algunos expertos critican el formato de franquicia del Louvre, pues dicen que representa un comercio cultural. Para Halim Badawi, curador y crítico de arte, la alianza busca generar redes internacionales entre museos. “Francia estaría prestando ciertos objetos culturales para exhibirlos en otros lugares, pero la titularidad de los objetos continúa en cabeza del Louvre o del gobierno francés. Por lo tanto, aquí no habría algo así como ‘venta del patrimonio cultural de un país’, sino, más bien, un ejercicio de empoderamiento internacional del patrimonio cultural de Francia”.

Y ante las dudas sobre si Emiratos Árabes Unidos se alejarían de su propia cultura por traer una franquicia de un museo occidental, Badawi afirma que “en este diálogo intercultural las naciones se enriquecen, se transforman, se vuelven más tolerantes, crecen”.

A pesar de la polémica, ya es un hecho que la sucursal del Louvre en el golfo Pérsico atraerá visitantes locales, regionales e internacionales y se posicionará como uno de los museos más importante del mundo, al que muchos, desde ya, querrán ir.

Fuente: Semana.com

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