El país donde el arcoiris se convirtió en agua y puede tocarse con las manos

Los maoríes se refieren a Nueva Zelanda utilizando la palabra ‘Aotearoa’, un término que literalmente se puede traducir como el ‘país de la gran nube blanca’. Pero no se deje engañar: este país de Oceanía no es monocromático. En sus casi 270.000 kilómetros cuadrados –algo más de la mitad de la superficie que abarca España– se pueden encontrar tonalidades que varían desde el más intenso de los azules hasta el amarillo más chillón, pasando por un impactante naranja o un verde casi fluorescente.

Recorrer Nueva Zelanda es un grito a la libertad: olvídese de rutas o días programados al milímetro. Sí es recomendable llevar un plan de viaje más o menos marcado, pero los que han tenido la suerte de viajar hasta estas islas no dudan en afirmar que la mejor opción para conocerlas es un coche o caravana de alquiler con el que movernos a nuestro gusto–recuerde que en esta nación se conduce por la izquierda–. La elección de la caravana es ideal para aquellos que buscan huir de las ataduras horarias en un hotel, mientras que el vehículo de alquiler es perfecto para los que prefieren dormir con todas las comodidades.

No deje pasar la oportunidad de conocer la playa de Cathedral Cove, escenario de películas tan afamadas como ‘Las Crónicas de Narnia’

Se decante por la opción que se decante, resulta fundamental visitar Auckland. Aunque no es la capital del país, en esta ciudad residen dos de los tres millones de habitantes de Nueva Zelanda. Los amantes de la buena mesa disfrutarán degustando los platos que sirven en el restaurante del Sky Tower, un establecimiento con vistas de 360 grados sobre la localidad. Allá a lo alto, a 328 metros sobre el nivel del mar, se comprende por qué Auckland es conocida como “la ciudad de las velas”: igual que en Europa casi todos los hogares disponen de un coche, en un enclave rodeado por el mar resulta obvio que casi la totalidad de la población tenga un barco a su nombre.

Dejando atrás Auckland, donde la cultura deportiva está fuertemente arraigada y se pueden realizar múltiples actividades de este tipo, la preciosa península de Coromandel hará aparición ante nuestros ojos para grabarse en nuestras retinas. No deje pasar la oportunidad de conocer la playa de Cathedral Cove –escenario de películas tan afamadas como ‘Las Crónicas de Narnia’–, un pedacito de territorio kiwi que podría ser hermano de la Playa de las Catedrales de Ribadeo, Lugo, por sus rocas en forma de cueva.

Y de paraíso a paraíso… y tiro porque me toca. A tan solo 12 minutos en coche de semejante litoral se localiza la playa de Hot Water Beach. Este enclave es uno de los más solicitados por los turistas, pues ellos mismos pueden cavar en la arena para bañarse en aguas termales que pueden llegar hasta los 60 grados de temperatura. Los más profesionales llevan su propia pala, pero si las restricciones de equipaje no se lo han permitido siempre puede echar mano a sus ídem y crear su propia bañera natural de agua caliente.

Cathedral Cove, Nueva Zelanda
Cathedral Cove, Nueva Zelanda

Sin dejar de lado la costa de Nueva Zelanda, hay que hacer hueco en los planes para conocer Tauranga. Esta ciudad portuaria, famosa por sus amplios cultivos de kiwi, es parada obligatoria para muchos de los cruceros que transitan la costa del país. Imprescindible subir la ruta de mini-trekking –una de las más transitadas del país– que propone el monte Maunganui, una elevación que no supera los 235 metros de alto pero desde la que se tienen unas vistas espectaculares del océano Pacífico.

Paraísos donde tocar, literalmente, el arcoíris

Y para los que se han quedado con ganas de seguir notando las bondades de las aguas termales en primera persona, continúe su ruta hacia la región geotermal de Rotorua. Este enclave, lugar originario de los pájaros kiwi, sorprende a todo el que lo visita por la curiosidad cultural que allí podrá contemplar: la famosa danza ‘haka’ con la que los jugadores neozelandeses de rugby intentan ‘intimidar’ a sus adversarios nació en el pueblo de Te Puia. Nota para los más glotones: no se vaya sin probar el asado de patata y carne cocinado bajo tierra conocido con el nombre de ‘hangi’.

Parque termal de Whakarewarewa y sus aguas 'marrones'
Parque termal de Whakarewarewa y sus aguas ‘marrones’

Pero si lo que de verdad desea es poder tocar el arcoíris –literalmente– desplácese hasta el Parque Geotermal Wai o Tapu. Allí, los impresionantes colores del agua de los lagos le permitirán hacer unas fotos únicas que envidiarán los amantes de los objetivos y los megapíxeles. Sin filtros, al natural, se presentan las aguas contenidas por lagunas de diferentes tamaños coloreadas de amarillos, verdes y naranjas tan intensos que le parecerá haberse transportado al mundo multicolor de Willy Wonka.

Si calcula su viaje para estar a las 10.15 horas delante del géiser Lady Know, podrá presumir de haber visto uno de los espectáculos naturales más impactantes del mundo. El chorro de agua que sale de esta fuente termal alcanza los 20 metros y su potencia es tan fuerte que está controlada por la mano del hombre: por eso no podrá ser testigo de su ímpetu en un horario diferente al marcado por los responsables del parque y es importante que sea puntual.

Huka Falls del río Waikato

Los coloridos lagos del Wai o Tapu no pueden competir con el tamaño del lago Taupo. Este conjunto de agua es el más grande de Nueva Zelanda, y se encuentra en el parque nacional más antiguo del país: el Tongariro –fechado en 1887–. Al igual que el géiser Lady Know es conocido por su vigor, las cataratas del Taupo –llamadas Huka Falls– son famosas por la fuerza con la que las aguas transcurren por el cauce y no por su altura (como sí lo son otros desniveles acuáticos como las africanas cataratas Victoria, por ejemplo).

En el Tongarino, escenario de la película de ‘El Señor de los Anillos’, formaremos parte de un paisaje volcánico sinigual donde es posible realizar rutas de trekking de 24 kilómetros y una duración estimada entre ocho y diez horas de caminata. En invierno es necesario subir con crampones y acompañados de un guía, pero en verano se puede realizar por cuenta propia para disfrutar de las maravillosos lagunas esmeralda del parque.

Visita a Wellington, la capital de Nueva Zelanda

Aunque Nueva Zelanda es famosa por sus paisajes y sus rutas verdes, no conviene dejar pasar la oportunidad de conocer el asfalto de su capital. Wellington, aunque no es la ciudad más poblada del país, sí puede presumir de tener un ambiente nocturno especial que la convierten en el perfecto escenario para salir de bares o restaurantes. Allí, en el propio puerto de esta localidad, el visitante puede dejar las llaves de su coche alquilado en una taquilla y continuar su camino en ferry atravesando el precioso estrecho de Cookdespués de haber dado un paseo por la zona residencial de Miramar –donde se concentran productoras y estudios cinematográficos de primer nivel–.

El estrecho de Cook nada tiene que envidiar a los famosos fiordos noruegos: tres horas de trayecto a través de la separación entre la isla norte y sur de Nueva Zelanda. Con una anchura mínima de 25 kilómetros, en sus aguas se mezcla el mar de Tasmania con el océano pacífico para goce y disfrute de los que pueden contemplarlo –no deje de fotografiar el fiordo de Queen Charlotte si quiere llevarse a casa una postal idílica–.

Wellington, Nueva Zelanda
Wellington, Nueva Zelanda

Al desembarcar en la ciudad de Picton se vuelven a recoger las llaves de un vehículo para continuar trayecto hasta Nelson, un impresionante enclave rodeado de bellas colinas y doradas playas donde se pueden realizar diferentes deportes acuáticos. Pero si lo que le gusta de verdad son las playas, conduzca unos 65 kilómetros hacia el noroeste para saludar a la belleza del Parque Nacional Abel Tasman. Allí se puede comprar un abono de ‘barco-taxi’que permite a los clientes subir y bajar de él tantas veces quieran a lo largo del día para conocer las diferentes calas de la zona –ideales para bucear, alquilar kayak o contemplar delfines y orcas–.

La región de los glaciares

La carretera de la costa oeste nos transportará hasta la mágica región de los glaciares neozelandeses. Si disfruta adentrándose en los mundos de Frodo Bolson y Gandalf, tendrá que hacer parada en el Parque Nacional de Paparoa, en Punakaiki, donde las famosas formaciones rocosas de Pancake Rocks harán las delicias de los aficionados a ‘El Señor de los Anillos‘. No solo conocerá uno de los enclaves elegidos por el director de cine Peter Jackson para sus películas, sino que también podrá contemplar los maravillosos glaciares de Fox y Franz Josef.

El rodaje de ‘El Señor de los Anillos’ ha provocado que la afluencia de turistas no permita el acceso a la lengua de los glaciaresEstos son los únicos glaciares, junto con los argentinos, que pueden presumir de desembocar en el mar y estar rodeados de vegetación. Se ubican en las proximidades del monte Cook, el cerro más alto de Nueva Zelanda con 3.724 metros. La popularidad que ha alcanzado esta región tras los largometrajes de ‘El Señor de los Anillos’ ha provocado que ya no se permita el acceso libre a la lengua de los glaciares, y ahora solo es posible llegar a ellas vistiendo crampones si se contratan excursiones en helicóptero que cuestan entre 200 y 500 euros por persona –el precio depende de si el trayecto también nos deja visitar el monte Cook o solo el glaciar–.

Si no desea subir al helicóptero, tranquilo: no se quedará con ganas de hielo y nieve. Dejando atrás el pueblo de Wanaka llegará a Queenstown, una de las estaciones de esquí más típicas de Nueva Zelanda. El pueblo no es demasiado grande, pero se puede pasar un día muy agradable alquilando una bici para bordear su lago o subiendo en teleférico hasta un romántico restaurante con preciosas vistas.

Glaciar Franz Josef, Nueva Zelanda
Glaciar Franz Josef, Nueva Zelanda

Si le gustan las emociones fuertes, debe saber que Queenstown es la ciudad donde nació el ‘bungee jumping’ –la modalidad de ‘puenting’ donde no hay oscilaciones pendulares tras la caída, sino que se producen movimientos de ‘rebote’ sobre el mismo punto– y se puede practicar en determinadas localizaciones gestionadas por expertos. Y si esta actividad le parece demasiado extrema, súbase a bordo del ‘jet boat’ que atraviesa el cañón de la ciudad a 85 km/h y llega a hacer giros de 360 grados. Terminará empapado, pero merece la pena si disfruta sintiendo correr la adrenalina por sus venas.

Nueva Zelanda hace vino, sí

Después de visitar el fiordo de Mildford Sound –en un ferry con comida incluida y vistas a sus maravillosas cataratas–, los turistas llegarán a Dunedin después de atravesar viñedos. Sí, sí, ha leído bien: Nueva Zelanda no solo tiene viñas, sino que explota su producción vinícola embotellando diferentes tipos de caldos. Este paisaje de vid, mucho más seco que en otras zonas del país, produce un llamativo contraste con los anteriores horizontes de verde intenso y frondosa vegetación que nos han ido acompañando a lo largo del viaje.

Dunedin es la ciudad universitaria por excelencia de Nueva Zelanda, y sus costas son aptas para el avistamiento de focas y pingüinos. Si ha comprado un ‘hot pie’ en algún puesto callejero –un hojaldre relleno de carne y verduras muy rico– procure que no se lo quite de las manos ninguno de estos simpáticos compañeros marinos. El último destino antes de volver a coger el avión de vuelta a casa será Christchurch –pase antes por el lago Pukaki y Tekapo para ver sus aguas azul fosforito–, un pueblo que aún conserva su singular encanto a pesar de haber sido azotado en 2011 por un terrible terremoto. ¿A qué espera para volar y conocer Nueva Zelanda?

Fuente: El confidencial

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