¿Precio por seguridad aérea? ¡ No !

Hace ya algunos años uno de los empresarios más señeros del sector turístico que aúna en su grupo vertical todos los segmentos me decía que en poco tiempo será más barato volar que quedarse en casa.

Acertaba en parte y en determinados supuestos. Hace unos días el jefe del Gobierno anunciaba solemnemente que las tarifas del gesto semipúblico (AENA) baja un 11 por ciento las tarifas que graciano-palomo-turismocobra a los operadores en los aeropuertos de su propiedad y, acto seguido, el ministro del ramo De la Serna reunía en su despacho a los jefes de las aerolíneas.

Desde un punto de vista liberal el hecho descriptible es que esa bajada impulsará aún más competitividad entre compañías y ello siempre resultará saludable. Ahora bien, habrá que tener en cuenta otros factores de producción básicos como, por ejemplo, la subida del precio de los carburantes por el alza del petróleo.

Con subidas o bajadas otro hecho incontestable es, como señaló acertadamente el actual presidente de Iberia, es que la lucha resultará encarnizada y el 2017 se presenta con algunos síntomas de tormenta. No todo el monte es orégano.

Me llamó poderosamente la presencia exultante del representante de Ryanair en el aquelarre presidencial convocado por el ministro de Fomento. La compañía del irlandés furibundo tiene la peor fama que se puede tener en este negocio: falta de seguridad (sic) y pésimo servicio.

La popularización de los viajes aéreos resulta, sin duda, una conquista de la civilización y del progreso. Ya no son, afortunadamente, los ricos y los privilegiados quienes pueden subirse a una aeronave. Pero una cosa es la democratización del billete y otra bien distinta la degradación del mismo.

Posiblemente, todos los que leen en estos momentos esta columna habrán tenido experiencias nada aleccionadoras a bordo de un avión. Lo que prima es, sin duda, la seguridad arriba; porque aunque nos parezca normal estár a 32.000 pies y volar a 900 kilómetros por hora, no lo es.

Hay que saludar y saludo la competencia feroz entre compañías aéreas. ¡Faltaría más! Pero no puede ser que cualquier arribista con ínfulas alquile vía “lessing” un avión y empiece a traficar como si fuera una bicicleta en las calles de Bangkok.No estoy diciendo con todo esto que no haya seguridad a bordo. En modo alguno. España, dicen, se distingue por cuidar en extremo este input. Pero no todas.

Más vale conservar la vida con veinte euros más que perderla por 10 euros menos.En la próxima entrega les prometo a ustedes hablar de los ACHoteles del navarro (Corella) del mismo nombre.

Fuente: Graciano Palomo

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